12 abr. 2012


Recuerdo exactamente el momento en el que vi el lomo del libro. Lo vi y supe que no debía cogerlo, pero ya estaba en mis manos. Supe que no debía abrirlo, que no debía buscar esos versos, que no debía acariciar la página ni leerlos moviendo los labios, invadida por esa intensa sensación de urgencia. Sabía todo eso pero no pude dejar de hacerlo. Y antes de pronunciar las últimas palabras todo estaba lleno de agua, y mi mano fue a mi boca para obligarla a guardar silencio. Al final tuve que comprarlo, a pesar de que ya lo tenía en mi estantería, escondido para evitar momentos como ese. Tuve que llevarlo conmigo y envolverlo para regalo, así no podría volver a abrirlo, ya llegaría el momento de deshacerme de él, como de un cadáver. Pero también me lo lleve por otro motivo. No se deben dejar trocitos del corazón de uno en cualquier parte. Es peligroso. 

6 comentarios :

  1. Es un placer haber encontrado tu blog...me quedo por aquí para leer todo cuanto escribas.
    Un fuerte barazo :-)

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  2. Casi me hace llorar, que lo sepas...

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  3. Precioso.
    Cuánto deben valer esas lágrimas.

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  4. Has dado una explicación a algo que he hecho siempre sin pensar. Gracias. Precioso texto.

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  5. Qué bella declaración de amor...
    Te sigo, sin duda.

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