10 abr. 2012

Recuerdo que deseaba durante casi toda la semana la llegada de la madrugada, para escuchar de nuevo su voz, y la de todos sus colaboradores. Era como sentirse en casa. En una casa mejor. Más amable, más cálida. Daba la 01:00, y al tiempo que sonaba la melodía que daba inicio al programa, me invadía la satisfacción, la alegría, de saber que me esperaban tres horas pegado a la radio. Juan Antonio Cebrián provocaba eso en sus oyentes, era magia. Recuerdo la configuración exacta de mi escritorio, en aquellos años de BUP, con el libro de texto bajo el flexo, y un viejísimo reproductor de cassette de doble pletina heredado de mi hermano a la izquierda de la mesa. Siempre fui fiel a sus programas, y más de una noche renuncié a los amigos y a las cervezas por quedarme ahí, bien arropado por voces que uno pudiese llamar amigas. Tiempo más tarde, conocí a una estudiante de periodismo con la que compartiría casi cinco años de mi vida. Y recuerdo que estando juntos, bajo el mismo techo, nos sorprendió la noticia de su fallecimiento. Cebrián había muerto, y nosotros éramos incapaces de dar crédito. Nuestras lágrimas se derramaron al unísono. No sabíamos qué decir.
Uno muchas veces no sabe qué decir, cuando se le muere una parte de la familia.

4 comentarios :

  1. Recuerdo la noticia de su muerte, me afectó mucho. Hay personas que nos llegan de formas no convencionales, pero que no por ello son menos importantes.

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  2. La verdad es que yo no lo seguí, así que no puedo decir nada sobre él, sin embargo tu relato me recordó algunos programas de radio a los que estuve enganchado alguna vez en los que era tan importante lo que escuchaba, ya fuera música o palabras.

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  3. ...no sabes lo reconfortante que resulta saber que alguien mas vivió aquello como un desgarro propio. Tan sorpresivo fue todo para mi, que me descubrí llorando un poco mas vacía aquella tarde de regreso a casa en el coche. La rosa no es la misma, pero básicamente por que fragmentos de sus valores la impregnen, se le murió el alma al programa cuando el falleció.

    Un abrazo

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    1. Agradezco tus palabras, me llenan de calor. Me ocurre siempre que descubro a otro rosaventero. Es algo así como la complicidad que surge entre dos personas que conocen un mismo secreto, y simplemente sonríen mientras callan.

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