1 jun. 2012

    Recuerdo que los días siempre parecían cortos. Yo pensaba que alguien los había diseñado mal, que no podía ser que dejaran tan poco tiempo para todo lo que podía hacer un niño. Sí. A mi yo de entonces, el mundo se le antojaba algo tan vasto y desconocido, que no se podía perder un segundo para investigarlo, para conocerlo. Cada día aparecía delante de mis ojos como algo completamente nuevo. Cualquier cosa me parecía posible, y yo no comprendía de qué manera podía existir gente aburrida o apesadumbrada bajo aquel cielo. Recuerdo correr y correr, hasta que acababa la rambla, en ese enorme (entonces me parecía enorme) balcón por el que Tarragona se asoma al mar. Y de todos los lugares antiguos y llenos de secretos, el más fascinante era aquel. Creo que fue en ese instante cuando me enamoré del océano. De su bruma, de ese susurro, ahora delicado, ahora salvaje, que provocaba el oleaje al abrazar la roca. De su profundidad, su infinitud.

    Y recuerdo volver casa después de aquello, extasiado, pensativo. Allí me esperaba un camión de bomberos de Playmobil que los Reyes me habían regalado. Pero de repente, por un día, no sabía qué hacer, de qué manera jugar. Entonces llegó mi hermano, y cogió un montón de álbumes de tapa dura de Tintín, o de Astérix, y montó con ellos una calle entera con todas sus casas. 

-Bien, mira ahora, la de personas que habrá que rescatar en esta calle-

    Y volvió la imaginación como un torrente. Volvió, el único día que recuerdo que me haya fallado, en toda la vida. Gracias a él.

4 comentarios :

  1. La imaginación es la capacidad de soñar y quien no sueña no está vivo.

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  2. si es que digo yo que siempre hay que vivir como un niño.
    es precioso lo que has escrito.

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  3. Me hubiese venido muy bien conocerte entonces. Por aquellos días yo hacía señales con un espejito en mi ventana y esperaba que llegasen hasta ti.

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