7 ago. 2012

Recuerdo que una mañana desperté y todo fue diferente. Todo estaba en su lugar, los platos en el armario, los vasos colocados al milímetro en la estantería, la televisión apagada y silenciosa. Parecía un día normal, pero tú ya no estabas. Era verano, el calor dolía, y no me habías dado los buenos días. Tu coche seguía en el garaje, lleno de polvo, con todas aquellas cintas que tantas veces habíamos cantado en los viajes largos. Mi madre me había mandado ir a limpiarlo, tenía que quitarle el polvo a los recuerdos. Después de desayunar, me puse ropa vieja, cogí un trapo y comencé a limpiar. Era como si estuviera borrándote de nuestra vida. Habías pasado más horas en aquel coche que en nuestra casa. Limpié, limpié, y cuando terminé me senté en el asiento del conductor, puse una vieja cinta, y cerré los ojos. Quería traerte de nuevo, que nunca te hubieras ido. Canté, todo lo que cantamos juntos, en un homenaje solitario, recordando todas las veces que cogimos el coche en medio de la noche y yo te decía: Me gusta el color del asfalto iluminado por los faros. Y tú sonreías.

Creo que nunca me querrá nadie como me quisiste tú, con esa adoración propia de un padre que solo tiene ojos para su hija. Aquella mañana, coloqué un vaso de chupito donde lo tomabas cada mañana, me senté, y lloré hasta quedarme dormida. Ya pasaron muchos años desde aquel día, pero todavía, alguna noche solitaria, me pongo rancheras y miro al cielo. Sé que sigues ahí, huyendo en medio de la noche por carreteras solitarias, acariciándome el pelo, diciéndome que soy grande, aunque sea pequeñita. Que puedo con todo, que tú lo sabes mejor que nadie.

8 comentarios :

  1. Clementine hay tanta nostalgia en tus palabras!! sos magica!

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  2. Qué importante es el poso que dejan las personas antes de irse. Es una lectura amarga, pero una vez terminada se antoja en ella un poso muy vitalista que invita a sonreír.

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  3. tus palabras tiene el poder de hacer sentir, hay radica la magia de lo que tus palabras y letras nos dan, nos mueven.

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  4. Recuerdo que hace tiempo, una noche antes de acostarme, fui a ver cómo estaba mi hija, tenía gripe y fiebre y dormía. Era invierno. Me senté un rato junto a su cama mirándola en la oscuridad, escuchando su respiración tranquila entre el sonido del viento de fuera. Pensé durante un buen rato en lo que yo podría significar para ella cuando ya no estuviese. En la clase de vínculo con vocación de eternidad que existe entre las personas que más se quieren. Y lo escribí y luego llegó a ser publicado, y recuerdo que cuando le di el libro y le dije que aquello lo había escrito por ella, se echó a llorar y me abrazó. Recuerdo que en ese texto hacía una referencia, sin nombrarla, a una canción que yo le había puesto y le había encantado y en el coche me decía siempre que la pusiera. Esa canción era I Will Follow You Into The Dark.
    Tu relato es precioso y conmovedor. Habla de lo mismo desde otro punto de vista y me hizo recordar aquel momento. Esa es la clase de pensamientos que supongo todos los padres querrían que sus hijos tuvieran de ellos.
    Precioso. Sencillamente.

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  5. Como disparas tristeza y que bonito queda cuando lo dices tú.
    Un beso enorme.

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  6. Al leer este relato se me ha partido un poquito el corazón.

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