17 nov. 2013


Recuerdo haber sentido fascinación por los álbumes fotográficos familiares desde bien pequeña.  Llegué a creer firmemente que mis abuelos vivieron en blanco y negro sus vidas. Que todos sin excepción alguna vivían así. Vidas grises. Recuerdo habérselo explicado a él.   Una noche, me enseñó gran parte de sus álbumes. Yo quería verlos todos. Quería soplar con él las velas de sus pasteles, disfrazarme, ser la niña que abrazaba el otro extremo de aquel árbol gigantesco.
El verano continuó, y nosotros ya habíamos fotografiado los lugares en los que las palomas iban a morir.
“Fue necesario que pasáramos ese verano juntos. Vivir algo que contar, en definitiva”, me gustaría haber añadido a esa conversa. “Sé que nunca te gustó verte en fotos.  Ni a nosotros en ellas, supongo.”  continuaría. Para acabar, si pudiese, hubiera dicho “pero hay una fotografía que nos delata. Por equivocación estoy yo ahí contigo, en ese álbum. Siento haberme instalado momentáneamente allí, junto aquel sol, las avispas, en aquel patio trasero en el que tantas veces fuiste niño.”  (...)

Llega un punto en el que inevitablemente te preguntas qué hacer si las palomas mueren de verdad. Qué hacer cuando los recuerdos se construyen a partir de conversaciones imaginarias. Qué hacer si hay fotografías que nunca se recuperan, ni cicatrizan.

6 comentarios :

  1. Por dios... vengo acá para hacerme un mero escalofrío...

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  3. Es genial comprobar que había una imaginación infantil con esa capacidad de inventiva, con esa fantasía maravillosa.

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  4. Me recordó a un viejo cuento, sobre aves negras que se llevan anuestros seres queridos, escalofrío!

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  5. Yo no creo que se trate de conversaciones imaginarias. Creo que son conversaciones de silencio. Nadie pronuncia palabras pero se dicen muchas cosas y se escucha atentamente con los ojos. Con el resto de los sentidos. No, no son conversaciones imaginarias. Y esas fotografías que no cicatrizan... no debemos olvidar volver a ellas cada cierto tiempo. Son el núcleo del "yo". De nuestro mundo.

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  6. No lo entendí de todo, pero me sentí triste. Palomas muertas se avecinan.

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