29 mar. 2014

Recuerdo aquella noche en la que algo hizo click en mi cabeza, como si de repente el viento se hubiera llevado la venda que cubría mis ojos y que me impedía verte de verdad. A ti, justamente a ti.
Entonces me di cuenta de que los tuyos, que tantas veces me habían mirado llenos de amor, de pasión y de deseo, estaban llenos de miedo y a la vez de decisión, una decisión repleta de otras tantas, pero ninguna de ellas era la de seguir caminando con tu mano en mi cintura, ni la de recorrer mi cuerpo desnudo con tus manos expertas y confiadas.
Me di cuenta de que bajo aquella nueva luz que te iluminaba yo me había quedado súbitamente en la sombra.

4 comentarios :

  1. El cegador chispazo del sol y sombra de algunos recuerdos.

    Genial.

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  2. Al final todos resultamos ser bastante prescindibles. Un texto precioso.
    Saludos.

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  3. La crueldad que tienen los destiempos a veces.

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