11 abr. 2014

recuerdo la primera vez que me regalaron flores. eran blancas y el chico se llamaba jacinto. en serio, se llamaba así. el karma, a veces, es lo que tiene. jacinto era alto, ancho de espalda, moreno, con los ojos muy azules y el pelo muy oscuro y brillante. también era muy amable y atento y, por si fuera poco, tenía un coche nuevo, algo inaudito en mi círculo de amigos. que fuera bastante más mayor que yo nunca me importó demasiado. me molestaba mucho más, por ejemplo, esa forma que tenía de mirarme, como embobado, o lo mucho que se acercaba a mí, apartando mi pelo liso que tanto decía que le gustaba de mi cara, con el pretexto de escucharme mejor cuando la música sonaba alta. a mi madre seguro que le hubiera gustado, pero para esos entonces yo tenía todas mis esperanzas puestas en un chico que llevaba el mismo pelo cardado que robert smith y que, como es habitual en la mayoría de amores adolescentes, me ignoraba. 
jacinto hizo enviar las flores a la hora de comer y fue mi padre quien abrió la puerta y quien entró en la cocina con una sonrisa burlona. al ver el ramo, quise desaparecer, se me pasó el apetito y tuve que hacer frente a la insistente cantinela de mi hermana menor que, apuntándome con un dedo, repetía una y otra vez: “tienes novio, tienes novio, tienes novio”. 
a media tarde, con las flores en un jarrón presidiendo el salón, jacinto llamó para comprobar si las había recibido. al contestar que sí, se indignó conmigo: que por qué no lo había llamado antes para agradecerle el detalle, que si así era cómo demostraba lo mucho que me importaba lo nuestro, que le había decepcionado enormemente, pero que a pesar de todo me invitaba a cenar, si me apetecía y me iba bien, claro. sin que yo tuviera tiempo a contestar, continuó con su discurso: que le perdonara por si se había excedido con sus palabras, pero que estaba nervioso y que debía ponerme en su lugar y unas cuantas cosas más que he olvidado. al colgar avisé a mi madre de que esa noche iba a cenar fuera. me preguntó que con quién. “con mi novio”, contesté yo, pronunciando por primera vez en mi vida esa palabra, y sin esperar a su reacción me encerré en el baño, con todas sus lacas y geles, donde pasé más de dos horas intentando que ese pelo liso que tanto le gustaba a jacinto consiguiera ser una réplica exacta del peinado de robert smith.

6 comentarios :

  1. Me ha esbozado una sonrisa. Robert Smith cantaba aquello de "these flowers will never die". Y es probable que dejándolo por escrito en estos lares ocurra lo mismo con dicho recuerdo.

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  2. Robert Smith... gordo hermoso... el único hombre al cual le hubiese regalado flores y partido la boca a besos...

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  3. Pobre Jacinto, ¡pero que grande tu historia! Me ha hecho hasta sonreír

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  4. Si tu banda sonora de aquellos días estaba compuesta entre otros por Robert Smith y los suyos, lo lógico es que no te gustara demasiado un chico que le gustaría a una madre.
    Recuerdos de un tiempo de oro muy bien contados :)

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  5. ¿En serio?
    No, espera...
    ¿EN SERIO?

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