8 sept. 2014

       Recuerdo que no fue un verano como los demás, como los anteriores. En aquella casa, en aquel pueblo más bien feo, por primera vez se me presentaba la soledad tal como era, como parte indisociable de mi naturaleza. La sentía como una carga estéril sobre los párpados, con la que habría de lidiar cada día. El insaciable anhelo de un espacio que pugnaba por ser ocupado me asaltaba cuando llegaba la noche en aquella vieja cama comprada en 1945. Mi única compañía: un viejo discman portátil cargado con música oscura proveniente de países nórdicos, y una galería de recuerdos de varias generaciones rodeándome. El grito ahogado, la plegaria inaudible, resonaba en aquellas paredes viejas, empequeñeciendo a su único inquilino. La esperanza de hallar un conocimiento en aquel silencio, se diluía con el pasar de los días, poco a poco. En realidad, nunca fue sencillo aprender del dolor.

9 comentarios :

  1. Nunca lo fue, no, pero es uno de los mejores maestros.

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  2. la soledad nos hace más fuertes, o eso pienso. me gustan las casas antiguas, con sus recuerdos de generaciones atrás, e imaginar cómo eran las personas que vivían ahí y qué sentían, y si se sentían exactamente igual que yo cuando los pienso.

    (saludos)

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  3. Mas bien que nos encapricha el dolor...

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  4. Del dolor y la soledad se logra sobrevivir en este mundo...

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  5. supongo que, queramos o no, hay momentos en la vida en los que hay que soportar esta carga estéril, como muy bien la describes: acostumbrarte, si es que esto llega a ocurrir algún día, a convivir con tus propios gritos, plegarias y sobre todo, dolor. y no, claro, no es fácil, pero tampoco nadie nos aseguró que iba a serlo. basta con tener una tregua de vez en cuando, para recoger fuerzas y no tumbarte definitivamente.
    la vida, vamos.
    un abrazo.

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  6. "La esperanza de hallar un conocimiento en aquel silencio..."
    Supongo que a veces, solo se aprende del dolor; de liberar el dolor, yo creo. Espero que ocurra.

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  7. Siempre se aprende. Me sentí identificada. Un beso, te espero

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  8. Tu recuerdo impresiona. Me gustaría haber tenido un lugar sólo para mí para dar cobijo a ese primer golpe de la soledad, y haber sido lo suficientemente mayor como para estar solo, pero no fue así. Esa sensación la tuve entre mi gente, en familia, viviendo cómo pueden desmoronarse todos los pilares del mundo un día como cualquier otro.

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  9. Puede que fuese un de esos aprendizajes que hieren, pero supongo que es de los imprescindibles. De algunos sale lo mejor tras el sufrimiento, y creo que tú eres de esos...

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