21 mar. 2015


Recuerdo aquel vestido azul que sólo me puse el día en que nos mudamos de casa. Me recuerdo sentada en la escaleras. Recuerdo que estoy en una tienda en París, y me pruebo disfraces, sonrío, mi madre me toma fotografías. Recuerdo la primera partida de ajedrez. El primer eclipse solar. Los veranos repasando matemáticas. Cómo le decía a mi hermano que Son Goku era un rollo. Cómo mi abuela pronunciaba las palabras y yo quedaba hipnotizada por su acento del sur. Zahara siempre fue Sahaara. De cuando fuimos a una exposición en la que habían moáis y después al llegar a casa los dibujé de manera obsesiva durante semanas. De cuando vi los guerreros de Xian. O las pinturas de Miró. La preparación de las pruebas para entrar en el conservatorio. 'El cant dels ocells' interpretado por Pau Casals. La primera vez que dibujé bien una clave de sol. O la superioridad que me invadía al tocar en clave de do y que los otros niños me preguntasen cómo leer las partituras. Mi primera audición. La última. De cuando hicimos una excursión nocturna y te caíste por un barranco y te sostuve la mano y tú me decías que te soltase y eso fue lo que hice. Cuando de camino a la escuela escuchábamos y volvíamos a escuchar las viejas conferencias sobre agujeros negros que tú habías grabado con toda la paciencia del mundo aquel verano en Gran Canarias. Recuerdo cuando aprendí qué quería decir espamplonades, la primera vez que escribí the y no de, la primera vez que una niña me preguntó qué era el semen, la primera vez que un niño me dijo que yo le gustaba tanto como mi mejor amiga. Los motes que me ponían en el colegio. Los motes que yo ponía. El colegio. Recuerdo cuando tú me hablabas de tu infancia cuando yo era pequeña. De cuando era obligatorio que los niños del pueblo llevasen el ataúd de los niños del pueblo que se morían. De las aceitunas. De tu padre. De los gatos, del pantano. De las campanas. De los métodos que empleaban los maestros con vosotros. Del fatídico día en que un coche. De Papasé. Recuerdo detalles de mi infancia, aunque empiezo a dudar si sólo se tratan de narraciones que yo misma me he repetido durante años, o tú los creaste, como me creaste a mi o probablemente hicieras con tu infancia que sigues narrando con un entusiasmo que pocas veces encuentro ya en los Bildungsroman.

2 comentarios :

  1. Me rindo.
    Debería estar prohibido escribir así... es demasiado bonito.
    Y además fui tan insensato de poner el cello de Casals de fondo.

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  2. me ha encantado tu forma de escribir
    Un abrazo alado!!

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