7 mar. 2015

    Recuerdo cómo nuestra adolescencia vivió a flor de piel aquel viaje a Granada. Cómo permanece imborrable la imagen de tus rizos pelirrojos apartados tiernamente de tu cara, al tiempo que bebías de aquella fuente en medio de La Alhambra. Recuerdo aquel bar en el que nuestros dedos se buscaban torpemente bajo la mesa, mientras sobre ella el litro de kalimotxo a doscientas pesetas teñía nuestras mejillas. O acaso era la pasión, forjada durante un curso en el que apenas usamos la mirada en los pasillos del instituto,  los encuentros no tan fortuitos en el bar, aquel amigo común al que recurríamos...  Recuerdo que me gustabas tanto, tanto, que yo mismo convertía en oscuro objeto de deseo cada prenda, cada suave camisa blanca que llevabas; aquellas Dr. Martens de color amarillo desgastadas, ese vestido violeta que delimitaba con insoportable exactitud toda la hirviente sexualidad de tu piel blanca. Piel cuya banda sonora eran todas esas canciones de Metallica que escuchábamos cada vez que compartíamos walkman, y tú apoyabas la cabeza sobre mi hombro, enseñándome de qué manera se desboca rápidamente un corazón.

   Recuerdo que fueron los rincones del Albaicín los testigos de aquel deseo consumado que tenía mucho más de fulgurante pasión, que de auténtico cariño, deseo que sin yo saberlo, se quedaría allí, sintiéndome mudo, triste, al ser incapaz de traerlo conmigo. -lo que allí pasó, allí se queda- dijiste días más tarde, ahogando aquel romance que apenas había empezado a saciarme.

   Tiempo después llamaste por teléfono, hacía un año que no te veía, y hablamos sin la esperanza de programar ningún reencuentro. Entonces fui consciente de que esa insana devoción por tu persona me había privado de mi propio carácter, y que renunciar a ti no fue cosa de admitir una derrota anunciada, sino un primer paso, un de tantos, para pertenecerme a mí mismo.

5 comentarios :

  1. Nada suscita más des/engaño que el primer amor. O los que lo siguen. Cuántos dolores de cabeza nos ahorraríamos sabiendo que pertenecerse es cuestión siempre de uno, y no de dos. Lennon ya lo dijo: "Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacimos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta".

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  2. No estamos solos. Y no estamos muertos....
    Qué bonito y qué olor tan a primavera.

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  3. pues qué lección más bien aprendida. ojalá todas nuestras devociones terminaran así, no tanto como una derrota (que sí, que claro, que qué le vamos a hacer) sino como un aprendizaje, un paso hacia adelante, un conocerse más y mejor. y luego ya, todo lo demás.

    un abrazo, p.

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  4. Bonita lección.
    Creo todos, absolutamente todos, pasamos por ella.. sólo depende del tiempo que necesitemos para entenderla y entonces empezar a querernos. Sin excusas, sin miedos, sin mitades que, muchas veces más que complementar, restan.
    Un abrazo muy muy fuerte :)

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  5. Supongo que es uno de esos recuerdos esenciales que emergen a veces con sabor amargo pero que ayudaron a definir las líneas en su momento. Pedazos de hormigón en los pilares maestros.
    Me gustó la figura "delimitadora con insoportable exactitud.." y me hizo pensar en las imágenes precisas y las formas y colores concretos en los que se concentran los pasajes básicos de nuestras vidas. Aquellas fotografías mentales que algo decide que permanecerán fijadas para siempre.

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