6 sept. 2015

Recuerdo que los animales se escondían entre los bosques frondosos de nuestra infancia. Nunca jugábamos con ellos. Nunca permanecíamos allí. No necesito ir a un cajón y rebuscar entre las fotografías. Sé que fuimos niños porque te amé. Te recuerdo, sin más, junto el terciopelo de nuestras miradas. Aquellas que estaban llenas de extrañeza, completadas con tu magnífica, siempre misteriosa y hermosa timidez. ¿Te desee desde que fui niña? Era más simple; encontré, en ti, un refugio prolongado durante más de veinte años. ¿Cómo olvidarte? si has habitado a mi alrededor más de lo que he vivido. Te vi crecer, convertirte en el hombre que dejaría de compartir su tiempo conmigo. Todos sabemos que hay miradas que son certeras una vez en la vida. Las palabras, no más de dos. Ya no recuerdo el color de tus ojos, pero sí cómo me mirabas. La última vez que supe de ti, tú estabas en Toronto y yo en Budapest. Otros jamás se hubieran encontrado. 

5 comentarios :

  1. Aquellas miradas... me hiciste recordar otras tanto tiempo atrás... Veinte años! qué maravilla, es una suerte contar con cariños o amores de esa longitud. Es un relato precioso, gracias por contarlo.

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  2. Emocionante, escalofriante y con tanto talento que cuesta digerirlo. Me quedo por aquí.
    Un beso enorme,

    María

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