21 oct. 2015

Recuerdo tu cuerpo como ya no es ahora. Estrecho y delgado. Vulnerable a los abrazos y al peso de las hojas. Los dientes blancos de no haber fumado todavía. El sabor a chicle de menta en la boca. La lengua roja por las moras y las piernas arañadas por las zarzas. Tus manos rubias de príncipe -esos dedos temblorosos y blancos como si fueran rayos-  cerca de mis manos sucias de jugar sola. Nuestras cabezas pensándose desde la misma altura.  
Recuerdo atravesar cristales para alcanzarte los ojos. Ignorar el reflejo, buscar tu pupila, el cristalino curvado como el horizonte en la costa. Hablarte más cerca de lo que en realidad estaba. Olerte ese olor, mi magdalena de Proust, que perdiste a los quince y que ya no pueden oler las que te huelen ahora. 

Recuerdo tu cuerpo en el río, y recuerdo mi cuerpo en la orilla, esperando a que dijeras mi nombre o a que te tragaran las aguas. 

3 comentarios :

  1. Qué importante es no olvidar esos brillos, algo así como ladrillos invisibles del alma. Luego vendrán miles más, pero recordar esos destellos ayuda a no olvidar quién se es.
    Hermoso, Alba.

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  2. Y se forma una imagen tan nítida en el recuerdo que las pieles pueden tocarse.

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  3. un recuerdo como el tuyo muchas veces lo he tenido abrazos
    bello texto

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